sábado, 19 de mayo de 2018

Proteínas genéticamente modificadas

Pepino, apio, manzana, espinacas y limón. Me tomo el brebaje verde que la mayoría ni miraría con alegría, preparo papeles, abro surralladores, pongo Dillon a cantar y me aislo en mi madriguera, lo demás es solo producto del LSD que chuta mi cuerpo de forma natural a mi cerebro. El teatro abre sus puertas... ¿entras?


Me imagino en unos meses, los pequeños montículos de papeles que se amontonan a mi alrededor habrán desaparecido, el armario estará vacío -cosa que me cuesta imaginar- y los casi sesenta libros que he comprado estos cuatro últimos años estarán en cajas, listos para abandonar la ciudad que me había arropado en invierno hasta ahora. Se me da muy mal esto, aferrarme al pasado en cambio es de mis hobbies preferidos, me imagino volviendo a pisar estas calles en diez años: me aventuro a pensar como será volver a pasear por las calles abarrotadas en las que el rebaño se gasta su sueldo, fantaseo con encontrarte en el metro camino a las afueras de la ciudad, me veo recorriendo las librerías que más feliz me vieron, comprando en las fruterías que frecuento o yendo a aquel sitio donde me gusta tanto comprar el prosciutto que me como por las mañanas. 

Tengo horribles pesadillas que me muestran como será la cuenta atrás a partir de 250 por última vez, quiero que Morfeo me despierte de esperar dormida a volver a viajar sobre el continente que me vio nacer, al tiempo que me veo desprenderme de mi pasado como una serpiente que se libra de piel sin otro remedio que ese, ser fiel a su naturaleza. Estiro el tiempo hasta hacer insoportable, me duelen las costuras que unen las proteínas que cree en este lugar y por la noche no me queda otra que robar agua e hilo a la Luna para hacer más densos los días puesto que ya me he rendido a la idea de que el adiós será inevitable. 

Trago fuerte, despacio, respiro pesado, Daughter me invade los oídos y me visualizo en el frío Noviembre, a temperaturas bajo cero soplando las velas de nuevo, creo que es miedo lo que me invade: sudor frío, huesos frágiles, pensar en mis sueños, correr tras ellos pensando que las decisiones no puede borrarse, dejar que el terror te paralice y quedarte la noche pensando que ser cobarde no es tan malo.

Soplemos las velas juntos, una última vez e intentemos leernos con la luz apagada sin hacer ruido, borrémonos las huellas que un día nos dejamos a base de polvos, besémonos despacio como si el nitrógeno líquido se utilizará en el CERN, comámonos las ganas del futuro incierto, rocémonos lento y que sea con ganas, mirémonos como lo hicimos la primera vez antes de besarnos con la sonrisa tímida y abrázame como lo hacemos cuando el miedo a la huida del otro se hace vigente en nuestra conciencia. García Márquez me ha explicado que deberíamos amarnos con la cabeza y no con las manos, que pena que no pudiese ver como fricciona nuestra piel, la delicadeza de nuestras palabras que decimos a través de los dedos, el amor de nuestros labios que saltan al chocar, igual le hubiese gustado escribir sobre nosotros, aunque tampoco seamos nada especial, solo dos seres humanos que han encontrado el calor del Sol en una habitación cerrada a cal y canto. 

Salud por los finales de etapa, 
que nos ponen en nuestro sitio,
de nuevo.
Besitos, M'