jueves, 3 de mayo de 2018

Mi yo en primavera

Claveles florecidos en mi ventana, lluvia repentina que vuelve a cubrir las calles de Barcelona tras unos días de Sol intensos y turistas que recorren las calles de mi casa como caracoles tras la tormenta, con la casa a cuestas. Te escribo y te digo que necesito el día, que no me digas nada, que pueda reflexionar y la lluvia vuelve a caer dentro de casa mientras pienso en la inexistente noche que se me amontonó debajo del colchón al tiempo que me digo que todo va bien, que mañana la noche de ayer no habrá existido.



Sigo preguntándome como podemos complicar las cosas tanto y de un modo tan complejo en solo unas horas. El jueves pasado tuve una de las conversaciones más profundas y sinceras que he tenido contigo, charlamos pensamos en ayer, en hoy y en mañana, sin problemas, faltos de presiones con la tranquilidad que solo ofrecen dos rostros observándose, poca ropa y una cama desecha. Ahora reflexiono sobre como avanzan las palabras que nos dijimos con el tiempo, que se ha hecho de aquella charla distendida sobre ti, sobre mi y sobre la nada y el todo que puede ser el futuro.




De todas formas, sigo lejos de casa porque ya no sé donde está, sé donde encontrar mi casa, lo que no averiguo es donde está mi hogar. Seguiré cambiándome de sitio y moviéndome con el cambio de las estaciones como un japonés en fiesta permanente hasta encontrar mi hogar,
porque tras cuatro años creyendo que está era la ciudad que me arropaba en invierno quizás empieza a ser hora de ser sinceros y entender que qué solo te arropen en invierno no es haber encontrado un hogar, sino una casa de vacaciones con vistas al abismo.

Besitos, M'