jueves, 3 de agosto de 2017

Helados lilas, despedidas azules, veranos color lima

Se termina y me voy. Me marcho corriendo a gastar los últimos momentos con mi Dios y encuentro el significado de sentir el amor más puro que veré en la vida. Corremos, apuramos los últimos minutos y al final tenemos que sprintar para llegar a casa antes que el patrón se percate de nuestra huida.


Queremos ser grandes, queremos ser fuertes y por un momento pretendemos no ser esos tres seres que el sábado anterior hubiéramos sido capaces de dibujar una linea recta con un compás. Nos buscamos, a una hora de casa no encontramos entre el caos de la ciudad recordando los últimos treinta días como si fueran el año que ya no tendremos juntos nunca más.




Nos miramos por el retrovisor, evitando las miradas que van al alma y dejamos el coche donde ya jamás se podrá parar, para poder caminar escaleras arriba, tirar el agua sin droga a una papelera y fundirnos en el que creo, fue el abrazo a tres más bonito que tendré en la vida ¡uau! como me gustaría guardar esa imagen en un papel impreso, cuanto disfrutaría abriendo esa lata con olor a hogar que solo vosotros sabéis transmitir, sería un honor tan grande volver a mezclarme con el aura de felicidad que desprendéis a mi corazón. Por momentos como este, valen la pena cosas tan grandes como entender que la felicidad no es un estado normal y dejarlo escapar cuando uno lo tiene no es de locos, es de inconscientes; porque los locos encuentran su delirio en el camino hacía volver a llegar a ser felices.

Por lo abrazos, los especiales. 
Por los abrazos, los que demuestran amor.
Por los abrazos, los que se dan con la mirada.
Por los abrazos, los que te estrujan el alma.
Feliz Agosto.
Besitos, M