lunes, 1 de agosto de 2016

En algún punto entre tu y yo

Es fácil perder el contacto cuando se está mucho tiempo sin ver a alguien, es fácil que te olvides de su olor, de sus tonterías y de su rostro. Lo difícil de olvidar son las memorias que te quedan con esa persona aún después de tiempo sin verla; recuerdas aquellas largas tardes de piscina que pasabas con ella, aquellas conversaciones en la habitación de al lado o aquellas visitas al Starbucks más lejano solo para pasar más tiempo recorriendo la ciudad con esa persona.
  



Admiro esas relaciones que aún con la distancia de por medio han consguido ganarle tiempo al tiempo. Esas personas que consigen retener en su mente el rostro de la otra persona tan fuerte que parece que jamás podrá ser borrada por las agujas del reloj. Admiro esa compañera de piso que hace dos años que no veo pero con la que hablo a menudo, admiro a los amigos de aquí con los que solo tengo contacto en Navidad y en Verano, admiro a alguien que alguna vez fue capaz de aguantarme para verme solo un par de días al mes...



Ojalá yo estubiera elaborada con la misma masa que todas esas personas a las que admiro, todas esas personas que -una vez- vinieron, me dejaron sus huellas marcadas en la piel y que ahora siguen vivas no solo en mi recurdo sino en mi vida. Y las admiro porque yo no soy como ellas. En mí, hay algo que nunca le compraré a las nuevas tecnologías y es la substitución del contacto humano por la sociología terciaria.


El roce de la piel de la otra persona con la tuya (no necesariamente sexual) no tiene nada que envidiarle a cualquier forma de inteligencia artificial porque se puede engañar al cerebro pero a la piel, al órgano más grande del ser humano...no hay posibilidad de embaucar a quien te hace saber que estas en casa por medio de un abrazo o por quien se te funde el corazón. Hay muchas cosas salvables a través de la distancia pero el inxplicable cosquilleo que sentimos cuando besamos a quien amamos no es una de ellas.

Feliz Agosto. Besitos M'