viernes, 26 de septiembre de 2014

Gramos de amor




















Dando pena al más mediocre, se encuentra su cuerpo fundido en las cobijas, más no ladra, no responde, no atiende a mensajes, no hace los recados, más solo se deja caer y busca la respiración en algún lugar de su sentido ser.

Desesperada por hallar la luz se retuerce de dolor y llega hasta ella, pero es tarde, porque el tu, el yo, han desaparecido ya, se han apagado como dos velas que antes ardían impacientes por encontrarse unas a otras, aquellas que se entrelazaban, que no paraban de comerse con los ojos, que se acariciaban la piel a través del cristal, aquellas que ya no están.

Enfurece, y muere de rabia, se enfada o si más no,... se entristece, se apaga, se consume despacio hasta que aparecen las primeras lágrimas ensuciándole el rostro, llenando la camisa de pequeñas gotas de agua que el tiempo suprimirá pero que, más tarde seguirán estando allí, vivas como el primer segundo que miraron ojos afuera y decidieron brotar de las ventanas que dan al mundo.

Se acaricia el rostro, pues ella es la única que está allí para hacerlo, las suaves huellas de los dedos escrutan la piel de su cara, la analizan, dibujando corazones sobre ella; le pesan los ojos, el día va terminando para ella. Lo sabe y es por ello, que se remueve bajo las sábanas para después permanecer muy quieta. Y allí, en medio de la noche, su cadáver se ve rodeado por la soledad más absoluta que irá comiéndose su alma a cucharadas pequeñitas,que es como sabe mejor, machacando  lo único que le queda en su interior, algunos gramos de amor.


Puff, dormid o algo si eso. M'