jueves, 22 de marzo de 2012

A menudo escucho personas que critican la forma de pensar de otras mayores, en la mayoría de casos. Dicen que las personas siempre intentamos contentar a todo quien nos rodea, que es algo instintivo, que llevamos dentro. Pero que hay un momento en la vida, en el que te das cuenta que debes pensar en ti. Es decir, sigues dándole vueltas a las palabrerías de la gente que te rodea. Aún así, a la hora de elegir, piensas en lo que más te importa a ti, sin tener en cuenta a los demás. Lo mejor es: ¡qué no lo llaman egoísmo!


Dicen que es más una forma de vida a partir de cierta edad, no estipulada por nadie. Lo que paradójicamente, quiere decir, que puedes ser egoísta desde el día que te de la gana. Es algo como empezar una dieta. No hay compromiso, hazlo cuando quieras. Pero cuando empieces, ¡no pares!...Vale, quizás no es tanto como una dieta, pero ustedes ya me entienden.



La cuestión es que, rompiendo la norma de: solo los viejos son egoístas, yo también he empezado con ella. Puede que empecé ha
 usarla hace algunas semanas. Pero definitivamente, hoy lo he
corroborado. No me importa lo que piense la gente acerca de mi egoísmo en cualquier momento. Y la naturalidad con la que lo expreso, es el detonante que hace que un clik se prenda en mi cerebro.

La realidad es que en algún momento de nuestra vida nos hemos sentido egoístas o nos hemos sentido mal. Lo que en realidad significa que no seremos tan egoístas. Pero lo interesante es comprobar el change que dan las personas mayores, al hacerse aún más viejas y amargadas...No, en serio, es un cambio grutal. De repente los tienes al 100% de amabilidad y al día siguiente debes hacer una lista de todas las cosas que te han ordenado, para no olvidar la mitad...¡Mierda! Suena como si estuviera hablando de mi madre...Que no lo vea!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!




Seguramente, en algún momento de nuestra vida, 
queríamos haber tomado decisiones egoístas para salvar nuestro pellejo,
 pese a que eso se mantuviera muy lejos de nuestro alcance.